Hoy he tenido que comprar un lector de tarjetas con certificados digitales. Por si no te suena, el dispositivo que permite identificarse y firmar digitalmente con el DNI electrónico. Ya no me acordaba de que esas tarjetas reciben el epíteto de «inteligentes» —en inglés se llaman smart cards—.

Reconozco que es algo que me hace gracia. En realidad, cuando escucho mencionar «teléfono inteligente» —o incluso smartphone—, pienso que se puede añadir «el que vuevle a la persona idiota». No me refiero a que ya no sepamos de memoria los números de teléfono de las personas. Es un detalle secundario. Lo que creo que es grave es que califiquemos de «inteligentes» a cosas. Trato de explicar por qué.

Una precisión antes de empezar

Tengo que reconocer que no sé mucho inglés. Me temo que mi conocimiento de español es bastante mejorable. Sin embargo, de mi reducida experiencia lingúsitica puedo afirmar que smart no es «inteligente». Por supuesto, puede traducirse así. Del mismo modo podrían traducirse clever o intelligent entre otras opciones.

Smart puede ser inteligente, cuando decimos de alguien que es capaz de comprender y tiene rapidez para la acción necesaria. En español, más que «inteligente», diríamos que es una persona «despierta». Por supuesto, podemos decir que la inteligencia es agilidad mental. Sin embargo, quizá pueda ser algo más.

Un poco aparatoso

Sin duda, los dispositivos electrónicos son inmensamente útiles. La informática nos permite realizar ciertas tareas repetitivas y monótonas de una manera muchísimo más rápido y sin errores. Sin embargo, que no nos suenen raras la expresiones «teléfono inteligente» o «tarjeta inteligente» no es muy buen síntoma.

La contradicción de los aparatos inteligentes es doble. Ningún dispositivo electrónico tiene inteligencia, aunque procese la información muy rápido y sea extraordinariamente útil. Porque es probable que la inteligencia sea otra cosa que el proceso ciego de datos.

Demasiado artificial

Podemos pensar que la inteligencia tiene que ver con la resolución de problemas y el previo proceso de datos para ese fin. Una definición tan borrosa permite que pensemos que exista algo así como la «inteligencia artificial». Creo que no, por dos motivos.

El primer motivo es que el proceso de datos es algo demasiado genérico. Tanto, que nos veríamos en la obligación de sostener dos afirmaciones que creo que son contradictorias. Si el proceso de datos para la resolución de problemas es inteligencia, mi calentador de agua es inteligente. ¿Por qué? Porque para la ebullición del agua al llegar a cien grados. Estrictamente, al recibir la temperatura a cien grados, corta el consumo de electricidad. También cualquier animal dotado de sensación sería estrictamente inteligente, porque se apartaría de un cuerpo excesivamente calidente. Lo único que tendría ese animal en ese caso es sensación.

Antes de pasar al siguiente argumento, creo que es importante aclarar un punto. Podemos hablar de inteligencia en sentido metafórico. En ese caso, si nuestro canario se aparta de una taza con agua hirviendo, podemos decir que es inteligente. El peligro está en mezclar el uso metafórico con el uso estricto. Me temo que ese es el gran malentendido en la base de parte del discurso sobre la inteligencia artificial1.

La segunda razón para reservar la inteligencia a las personas es la simulación. La inteligencia simulada no es inteligencia. Aunque funcionalmente pueda ayudar en ciertas cuestiones, ningún ordenador piensa porque no entiende nada. Procesar datos no es entenderlos, sino poder operar con esos datos. La diferencia no es en absoluto irrelevante. Un automatismo, por complejo que sea, no es inteligente. Que un sistema informático pueda desarrollar patrones novedosos de tratamiento información no supone que aprenda. Los patrones los desarrolla según la capacidad de operación que tiene definidos previamente. Además, sólo puede haber aprendizaje si se adquiere conocimiento.

Cuestión de cálculo

Tradicionalmente se explica por aquello de que el ser humano es un animal racional. Quizá un buen colofón a tamaña descripción es «el que toma las raciones en los bares», parafraseando la canción Somos Siniestro Total. Por si alguien duda, Aristóteles no afirma ninguna racionalidad, sino que ser humano es el animal que habla. Por tanto, la inteligencia humana tiene que ver con el lenguaje.

No creo que sorprenda a nadie que la capacidad de habla a la que se refiere Aristóteles es la inteligencia humana, no la mera articulación de sonidos —como podría ser el canto de un pájaro, o incluso sonido que producen un grillo o una cigarra—. Lo genuino de la inteligencia humana es precisamente no simular el habla. Es imposible hablar una lengua si la persona no entiende lo que dice. Con mucha suerte y de casualidad, podrá pronunciar frases aisladas. Aunque enunciar frases aisladas no es hablar un idioma.

Manejar mecánicamente información puede ser funcional en ciertos contextos, pero la inteligencia la han tenido que poner personas antes. Con un ejemplo concreto, las obras completas de la literatura universal las entiende tanto cualquier ordenador, como cualquier dispositivo que lo almacenase. Por si no hubiese sido claro, en concreto no entienden nada. Aunque podamos usar ordenadores para hacer índices automáticos, buscar expresiones o manejar informáticamente los textos. Esa es una ventaja respecto a la imprenta clásica o la máquina de escribir. Sin embargo, en comprensión están al mismo nivel.

En realidad, no hace falta pensar en inteligencia informática. El modelo está en la escritura misma. Ni los libros, ni tampoco las estanterías que los sostienen, conocen de ningún modo las palabras que tienen impresas. Respecto a las personas, tener por escrito y poder leer no supone saber. La escritura no nos ahorra el esfuerzo de aprendizaje, de comprensión de aquello que el texto relata. Por supuesto, las personas tenemos que recordar. La memoria humana no es almacenamiento electrónico de datos, sino capacidad de recuerdo de lo entendido y sabido. ¿O alguien cree que la asociación de ideas la hacemos ciegamente, de modo totalmente mecánico?

Un modo de vida

La inteligencia es un modo de vida, una posibilidad que sólo puede tener quien tiene sensaciones. ¿Cabe simularla? Entiendo que es posible simular conducta inteligente. De modo parecido a como alguien nos puede engañar haciéndonos creer que habla idomas que no conoce2.

Sin embargo, la inteligencia es una capacidad, una potencialidad humana. No es simplemente funcionalidad, que puedan replicar máquinas computadoras. La ficción fantasea con la humanización de los robots en el momento en que sean capaces de tener sentimientos. Creo que todo es mucho más sencillo: una máquina no entiende aquello que calcula. La simulación podrá ser perfecta en muchos aspectos, pero no dejará de ser ficticia la inteligencia supuesta en una máquina.

La inteligencia real necesita educación para poder desarrollarse. Por eso una persona no está plenamente desarrollado como ser humano sin ella. No me refiero necesariamente a la escolarización obligatoria, sino al aprendizaje de la propia lengua hablada y escrita —entre otros muchos saberes—.

En cambio, un ordenador —en el fondo, eso son todos los dispositivos electrónicos— viene de fábrica con todas sus potencialidades: cálculo a una determinada velocidad. Por eso, creo que no es mala idea dejar de llamar «inteligente» a lo que ni siquiera tienen vida.

Notas

  1. Así lo reconoce implícitamente Alan Turing en su artículo Computing Machinery and Intelligence: “Nevertheless I believe that at the end of the century the use of words and general educated opinion will have altered so much that one will be able to speak of machines thinking without expecting to be contradicted”. 

  2. El ejemplo puede ser también puramente mecánico. En determinadas condiciones, una grabación sonora nos puede hacer creeer que es una persona hablando. Incluso aunque esté editada, que eso es parte de los sistemas automáticos a través de voz. No podemos decir que sea nadie hablando, sino la reproducción de una voz que no es propia del dispositivo. 

(Última edición: 10/01/2018, a las 21:17)