La utilidad de la ortografía

Sé que escribir bien no es sólo tener ortografía. Siendo muy estricto, la ortografía no es buena, sino propiamente correcta1.

Aunque nos parezca lo contrario, la ortografía nos facilita la escritura del idioma. La ortografía es una invención que aparece totalmente en las lenguas modernas. Por supuesto, no es que en las lenguas antiguas todo se pueda escribir de cualquier manera. Sin embargo, la escritura correcta se sabía por la práctica, no tanto por la existencia de reglas ortográficas.

Incluso en las lenguas modernas, hay una grandísima diferencia entre lenguas que tienen un modo de escritura predeterminado y las que no. En español y en alemán, se lee como se escribe. En inglés, no se lee como se escribe. Aunque sea hablante nativa, una persona no sabe cómo se pronuncia una palabra leyéndola si no la ha escuchado antes. Puede pronunciarla correctamente de casualidad, pero la pronunciación en inglés hay que aprenderla.

¿Y los acentos?

Los acentos2 parecen olvidados. En la escritura común de textos completos, la mayoría de la gente no los usa. De hecho, no es tan común como debiera

También usan acentos están el portugués y el italiano, además de nuestro gallego y catalán. El francés tiene tres tipos de acentos. ¿El inglés o el alemán son más fáciles por no tener acentos? Un ejemplo, record puede acentuarse de dos modos, como grave y como agudo, ya como nombre o adjetivo, o como verbo. ¿Seguro que no es más fácil escribir «revólver» y «revolver»?

El último ejemplo es de un Nobel —Gabriel García Márquez—, que afirmaba que nadie «confundirá revolver con revólver». Su idea de simplificar la lengua es loable, pero me temo que ingenua. Me temo que el mismo reconoce —en su autobiografía Vivir para contarla— que sus conocimientos de ortografía eran más bien escasos. El escritor relata que le corregían fallos ortográficos graves como simples errores de escritura a máquina.

La ingenuidad está en no darse cuenta que lo que se facilita quitando los acentos, se complica después. El general Moscardó pasa a ser pariente de moscas, o la frase «no sabía qué quería» se vuelve ambigua. Sin acentos, tenemos que aprender a pronunciar las palabras antes de leerlas. En ese caso, el texto ya nos podría ayudar. En no pocos casos, aumentará la ambigüedad3. No es que haya casos irresolubles4, sino que la lectura será innecesariamente más lenta o la escritura más prolija.

La fijación de un criterio

La tarea de la Real Academia Española es la fijación de las reglas de la lengua. Por supuesto, no son leyes, sino normas de escritura correcta. En en modelo francés, es una institución administrativa la que fija esas normas. En otros países, son instiuciones privadas5.

Por supuesto, las —personas— académicas6 hacen un gran trabajo. Sin embargo, a veces hay un asunto que me temo que parece esconderse: un criterio razonado. No digo que la lengua no sea algo vivo, que está en constante evolución. La lengua escrita no debe cambiar tan rápido como la hablada7. No es bueno escribir exactamente igual que se habla. Un texto es un nivel formal superior al habla, precisamente porque fija el habla.

La mayor formalidad de la lengua escrita puede ilustrarse con dos ejemplos. No son cambios propiamente, sino aceptación de la versión menos culta. El primer caso es aceptar «sicología» como forma alternativa de «psicología». Etimológicamente, la letra inicial es doble ps, no sólo s8. En realidad, todos los derivados de «psique» se pueden escribir sin la p inicial. El segundo caso es poder escribir «güevo» o «yerba» en vez de «huevo» o «hierba». En realidad, lo que ha hecho la Academia es admitir como correcta una forma muy común en el habla.

Podía entender el primer ejemplo9, pero me he dado cuenta de que estaba equivocado. O no consigo entender las razones por las que la Academia hace el cambio. La palabra es «psique», que consultando el Diccionario de la lengua española, no cabe escribir como «sique». Esta última palabra es un baile hondureño. Sin embargo, si el alma o principio de vida no puede escribirse «sique», ¿por qué es correcta «siquiatría» o «sicóloga»? «Psique» es una palabra culta, como lo son las palabras compuestas con ella.

En el fondo, el criterio se muestra en dos aspectos: que sea congruente y que se pueda explicar a otros. La Academia no sólo tiene una función de recogida de usos, sino también una función normativa. Porque si el uso lo es todo, la depauperación lingüística será inevitable. El enriquecimiento del idioma es una de las funciones académicas, a través de la normativa. Hay que distinguir los mejores usos y ponerlos como ejemplos.

Para lo que muchas veces es un «todo vale» —y sálvese quien pueda—, apelamos a que la lengua es algo vivo. Es totalmente cierto. Lo que olvidamos es que no somos las primeras personas del planeta y que todas las lenguas tienen una historia. Nuestra lengua tiene un pasado claro en el griego clásico, el latín y el árabe. Si bien esas lenguas no influyen en la misma medida, ese pasado hace que nuestra lengua sea como es. Para nuestra lengua, el inglés es una influencia extraña que nos ha hecho algún préstamo lingüístico, nada más. Por eso, en español «como si se acabase el mundo» es como se dice «como si no hubiese un mañana»10.

La generalidad

En el caso de los acentos hay dos casos en que es difícil entender el criterio académico. Son los últimos cambios de la Academia, incluidos en su Ortografía de 2010.

El primer caso es la no acentuación de «guión», «truhán», «riáis» o «fié». Como hay personas que pronuncian esas palabras como una única sílaba, no deben acentuarse porque sería contrario a las reglas generales de la acentuación. La norma académica es que no se acentúan nunca, se pronuncien como se pronuncien. Por tanto, acentuarlas es un error.

El segundo caso son los acentos diacríticos. Un ejemplo sería «éste, que no tiene quien le aguante, no sabe quién es ese personaje». Se acentúan unas formas, para distinguirlas de otras. En este caso, la Academia permite la acentuación, pero no la aconseja. El motivo es que es contraria a las reglas generales de la acentuación.

Me temo que la contradicción académica es flagrante. Desaconseja el uso del acento diacrítico por ser contrario a las reglas generales de la acentuación y proscribe el acento de palabras que deberían acentuarse según esas mismas reglas.

Las razones del desacuerdo

No dudo la gran labor de la Academia en el campo de la lengua española. El respeto a su innegable autoridad no supone un servilismo dócil a todo lo que emane de esta institución. De hecho, hay cuestiones en que disiento.

Los acentos diacríticos es el primer campo. No siguen las reglas generales de la acentuación. No es ninguna novedad. Ése es el motivo por el que son diacríticos. Diacrítico es exactamente «distintivo». Ése es su uso, distinguir gráficamente palabras que se escriben igual —«no quiero más, mas no es mala idea»—. Esos acentos son muy útiles. ¿Cabe suprimirlos? Como todo en ortografía, pero la dificultad por esa simplificación del idioma aparecerá después. De todas formas, la Academia reconoce lo tentativo de esta sugerencia al aconsejar el no uso, pero no volviendo incorrecto el uso de los acentos diacríticos.

El segundo caso creo que es más claro, aunque intervengan más factores. Si las reglas generales de acentuación deben de aplicarse, no hay razón para no hacerlo en palabras bisílabas agudas. En el caso más estricto, podría mantenerse la obligación cuando esas palabras contengan varias sílabas y quitarse cuando contengan sólo una sílaba. Entiendo que es el modo más sensato de dar razón de la diversidad lingüística.

Criterio y estilo

Es fácil considerar las reglas ortográficas como leyes. No creo que lo sean. Desde luego, no son leyes físicas, ni tampoco normas jurídicas en sentido estricto. La razón básica es sencilla, son cuestión de estilo.

Las reglas ortográficas deben ser claras y sencillas. Por supuesto, son convencionales, pero no son arbitrarias. La convención de la que surgen es un acuerdo mantenido en el tiempo. No dependen de una decisión momentánea, ni tampoco individual.

Debido a que las reglas ortográficas forman un sistema de escritura, es importante que sean congruentes entre sí. La coherencia entre reglas ortográficas no es la de un sistema lógico formal. Se trata del nivel más bajo de un conjunto de reglas de escritura. No puede ser un sistema perfecto, pero debe evitar contradicciones.

Debido a que la escritura es una cuestión de estilo, porque entran en juego más elementos que la ortografía, podemos prescincir de algunas de las prescipciones académicas. Ésa es la razón de la «pájina» de Juan Ramón Jiménez: es incorrecta para todos los demás, pero es correcta en su caso11.

No se trata de reinventar la ortografía. De hecho, la escritura alternativa de Poemas májicos y dolientes se le permiten a un Premio Nobel de Literatura, aunque su uso sea realmente extravagante12.

En los casos extremos, se trata de una decisión personal. Serán muy pocos, por su propia naturaleza. Evitar los acentos diacríticos no creo que sea una gran idea. Tampoco dejar sin tilde palabras bisílabas agudas es un acierto.

Es una libertad lingüística necesaria si pretenden que ortográficamente comulguemos con ruedas de molino.

Notas

  1. En realidad, la palabra latina orthographia viene del griego ὀρθογραφία. A su vez es la forma nominalizada de ὀρθὴ γραφή, «escritura correcta». Por si alguien tiene dudas, «ortogonal» es «perpendicular» porque es «de ángulo recto» —la expresión griega es ὀρθὴ γωνία—. 

  2. En puridad, «tilde» es el acento gráfico. En las lenguas modernas —al menos, en alemán e inglés—, toda palabra con más de una sílaba de tiene una acentuada. Está claro que no todas las palabras se acentúan en español. Sin embargo, es posible usar «acento» con significado de «tilde». Así lo empleo en este texto. 

  3. ¿También debemos eliminar la diéresis o en ese caso advertimos que es útil? 

  4. La misma Academia proporciona un ejemplo en la entrada de «insecto»: «[d]el latín insectum, y este calco del griego ἔντομον». Está copiado literalmente, hay que pensarse si «este» es pronombre o adjetivo demostrativo. 

  5. Son las instituciones que elaboran diccionarios, como el Oxford English Dictionary o el diccionario alemán Duden

  6. Me refiero a toda la gente que trabaja en la institución, no sólo a las personas que ostentan las titularidades de los sillones. 

  7. De hecho, la ortografía es únicamente para la lengua escrita. 

  8. La palabra griega es ψυχή. La ψ pasa al latín como ps, de la que pasan a las lenguas modernas. En inglés y alemán son psychology y Psychologie. Hasta donde sé, ninguna otra lengua admite que la ps pase sólo a ser s

  9. El segundo caso no creo que sea una buena decisión. Sin embargo, las razones no vienen al caso. 

  10. Anglicismo claro, la expresión original es as if there was no tomorrow

  11. La regla que el escritor consideraba es que ge y gi deberían escribirse siempre con j.

    Como comentario, me pregunto cómo distinguiría el poeta entre «injerencia» e «ingesta». 

  12. No soy un experto en el Juan Ramón, aunque cabe de calificar de extravagancia el uso exclusivo de j, porque no unifica otros sonidos que usan distintas letras —como ll e y—.

    Es extravagante también el uso de «majia», debido a la etimología de la palabra. Que se acaben pronunciándose de diferente manera en español, no impide que el origen sea magia en latín y μαγεία en griego.