La relevancia de lo clásico

No es ninguna novedad decir que los clásicos nos hablan. Es bastante probable1, que son precisamente clásicos porque hablan a toda época histórica. Siempre tienen algo que decir.

Poniendo un ejemplo muy básico, es probable que los diálogos de Platón tengan todavía mucho que decir y enseñarnos. Aunque el mundo ese filósofo y el nuestro son totalmente distintos, cada encuentro con sus obras son una invitación de primerísima clase a pensar. Porque es un gigante de la filosofía2, no nos invita a repetir lo que ha dicho, sino a que nos preguntemos. Tanto qué y quiénes somos, como el porqué de lo que nos rodea.

Un comienzo homérico

Reconozco que me he enfrentado varias veces a los textos fundacionales de la civilización griega, que son Ilíada y Odisea de Homero. Por lo que voy a contar, para mi vergüenza, incluso trabajé una de sus partes en su lengua original. La habré leído más de un par de veces cada una.

La importancia de la escucha

Reconozco que he entendido el sentido de cada una de las historias que cuenta Homero cuando me he dedicado a escucharlas. Me refiero al sentido más literal y con esto quiero hablar de LibriVox.

Son libros que están en el dominio público que los leen voluntarios y sus grabaciones están en el dominio público3. La mayor parte de los libros están en inglés, aunque hay en otros idiomas4 —incluso en latín y griego clásico5—.

Aclaraciones previas

En condiciones normales, no me gustan los audiolibros por las razones que ahora expongo. Creo que LibriVox es un gran proyecto, pero no es mi intención hacer publicidad aquí de ellos. Aceptan donaciones, si consideras que debes donar —o leer algún libro para dedicarlo al dominio público—, te aconsejo que hagas lo que mejor entiendas.

Destruyendo mitos

Uno de los peligros de la escucha mal entendida es pensar que es pasiva. Necesitamos oir, pero escuchar es una actividad. Esa es la razón de que nos encontremos con expresiones como «escucha activa»6. Si comparamos la lectura de un libro y escuchar música, es fácil que pensemos que leer es más activo que oir música. El peligro de los audiolibros es que no les prestemos la suficiente atención. Puede pasarnos también leyendo textos, pasando páginas sin más. Es relativamente fácil que tengamos el audiolibro reproduciéndose y estemos con la cabeza en otro planeta.

Podríamos pensar que tratándose de un proyecto de voluntarios, la calidad de las grabaciones será precaria. Escuchando estos días La Eneida, reitero mi impresión totalmente opuesta. La calidad de los libros que he mencionado es altísima, de auténticos profesionales.

Por si alguien tiene dudas, son aproximadamente quince horas de grabación cada obra. Es un trabajo muy duro. También en una escucha de tantas horas, si algo falla, se vuelve tedioso. Cuando va avanzando la obra, tienes ganas de escuchar precisamente esa lectura. Es sorprendente lo bien hecha que están esas lecturas.

Cuestión de actitud

Me gusta leer mucho más de lo que quizá puede parecer aquí. De hecho, me gusta la ironía de «encenderé la televisión, cuando pongan lo que sale en mis libros de papel»7. No sé si escucharía algún libro en otra lengua, pero por practicar la escucha en ese idioma idioma.

En español, creo que sólo «leería» las grandes épicas clásicas. No es por rehuir el esfuerzo de leer, sino por empaparme mejor de la historia que cuentan. Reconozco que puede ser una cuestión muy personal, pero los títulos que he mencionado hay que «leerlos» así.

La actitud y la atención debe ser la misma que leyendo el libro. Eso quiere decir que no puedes estar haciendo otra cosa y que tienes que estar sólo a la escucha. Nadie te prohibe nada, pero te enterarás según la proporción de atención que le dediques. Pasivamente sólo oirás, o incluso te impedirás escuchar las voces que estás oyendo.

Creo que es importante destacar lo excepcional de estos audiolibros. Por supuesto, son más escuchar grabaciones que leer. También es más cómodo beber que masticar, pero no comemos todo licuado. Entre otras cosas, porque literarlmente se nos caerían los dientes. Es importante hacer el esfuerzo, porque las capacidades —la inteligencia es eso— las desarrollamos con el ejercicio. Si no me crees, neurológicamente sabemos8 que lo que no desarrollamos, lo perdemos. Sin que sean ni mucho mecánicos, es cuestión de hábitos, que son intelectuales.

Notas

  1. Esta idea la expone H.-G. Gadamer en su obra Verdad y método, en el epígrafe titulado El ejemplo de lo clásico

  2. “The safest general characterization of the European philosophical tradition is that it consists of a series of footnotes to Plato”; A. N. Whitehead, Process and Reality

  3. El objetivo del proyecto es claro:

    To make all books in the public domain available, for free, in audio format on the internet.

    Desde luego, nadie puede negar que es una finalidad ambiciosa. 

  4. Puedes ver aquí los libros disponibles por idiomas

  5. De hecho, parece que en griego antiguo hay más que en griego moderno. 

  6. Realmente, me temo que la «escucha pasiva» es lo que te entra por los oídos porque no impides la audición. 

  7. No está inspirada en la grandísima máxima marxista:

    I find television very educational. Every time someone switches it on, I go into another room and read a good book.

    Por supuesto, es la frase de Groucho Marx. Al parecer, fue un gran lector durante toda su vida. 

  8. Te recomiendo la introducción de Andrew Smart, Autopilot: The Art and Science of Doing Nothing. En español, está traducido como El arte y la ciencia de no hacer nada